La cifra es tan precisa como alarmante: 267,2 millones de euros. Esta es la cantidad que Osakidetza, nuestro sistema público de salud, tiene presupuestado desviar en 2025 a las arcas de la sanidad privada a través de los llamados «conciertos sanitarios». Un incremento del 7% respecto al año anterior consolidando la tendencia creciente, y peligrosa, de los últimos años.
Oficialmente, este trasvase masivo de fondos se justifica como la forma de atajar las crónicas listas de espera. Sin embargo, un análisis frío de los propios datos presupuestarios revela una realidad mucho más incómoda. ¿Estamos realmente comprando eficiencia o financiando el desmantelamiento progresivo de nuestro bien más preciado?
Este análisis, basado en la proyección de los presupuestos oficiales, explora si este gasto es una solución eficiente para las listas de espera o un síntoma de la desinversión progresiva en la capacidad y recursos del sistema público de salud. ¿Inversión Estratégica o Privatización Encubierta?
Listas de Espera y Derivaciones
Cuando los plazos para una intervención quirúrgica o una prueba diagnóstica se alargan, Osakidetza activa los conciertos con entidades privadas como una válvula de escape. Esta estrategia se concentra en dos áreas principales:
Intervenciones Quirúrgicas: No se trata de operaciones experimentales, sino de procedimientos de alta frecuencia como, por ejemplo, cataratas, prótesis de cadera y rodilla, hernias o varices. En 2024, se llegaron a derivar 4.176 operaciones a la sanidad privada.
Pruebas Diagnósticas: El servicio de radiología público se encuentra desbordado, lo que ha llevado a que muchos pacientes reciban notificaciones para realizarse ecografías, mamografías o resonancias magnéticas en centros privados. En el 2024, se derivaron, aproximadamente, 85.390 pruebas a la privada.
Desde la administración, la justificación es clara. Se trata de «planes de choque» para garantizar que los pacientes sean atendidos en plazos razonables, priorizando la salud del ciudadano por encima de la titularidad del centro que presta el servicio.
Sin embargo, lejos de ser una medida puntual, la externalización se ha convertido en el pilar de la estrategia sanitaria. El gasto en conciertos sanitarios ha seguido una escalada imparable, pasando de 211 millones en 2020 a los 267,2 millones estimados para 2025. No estamos ante un parche, sino ante la normalización de un modelo que hace a la sanidad pública cada vez más dependiente de operadores privados, cuyos intereses, legítimamente, son económicos.
La saturación en las pruebas diagnósticas es tal que, Osatek, la sociedad pública creada específicamente para el diagnóstico por imagen, también externaliza pruebas.
Si analizamos la distribución del gasto externalizado, vemos como las intervenciones quirúrgicas acaparan el 45% del gasto, seguido de las pruebas diagnósticas con un 30%, justamente, los dos conceptos que resultan más rentables para las compañías privadas. No demos olvidar que éstas, como cualquier otra empresa, están para obtener beneficios.
Las Tres Velocidades del Gasto Sanitario
El gráfico de crecimiento comparativo nos ofrece una de las visiones más reveladoras sobre las prioridades estratégicas en la gestión sanitaria de los últimos años. Al normalizar los datos a una base 100 en el año 2020, no vemos las cifras absolutas, sino algo mucho más importante: la velocidad y la aceleración del gasto en tres áreas clave. Esto nos muestra conclusiones contundentes.
Inversión en Infraestructuras, la gran protagonista: La línea verde de «Inversión» es, sin duda, la que define la narrativa. Con un crecimiento que roza el 88% en cinco años (índice 188.2), esta partida no solo crece, sino que se dispara a un ritmo muy superior al de las demás. Esto indica una apuesta estratégica y decidida por fortalecer la capacidad física del sistema, tras muchos años de ausencia de inversión.
Gasto en Convenios, un crecimiento sostenido y relevante: La línea roja muestra que la externalización de servicios no es una anécdota. Con un crecimiento superior al 26% en el periodo, el gasto en convenios sanitarios avanza a un ritmo muy superior al de los gastos de personal. Esto demuestra que, a pesar de la fuerte inversión en medios propios, la dependencia del sector privado para gestionar las listas de espera y cubrir la demanda sigue siendo una pieza fundamental y creciente del modelo de gestión.
Gasto de Personal, apenas crece. La línea azul es la que muestra una evolución más moderada, con un aumento acumulado del 7,4% con respecto al 2020. Para entederlo, hay que considerar que la subida salarial nominal acumulada para el personal de Osakidetza entre 2020 y 2024 se sitúa aproximadamente en el 8-9%. Subida que, por otro lado, no ha compensado la fuerte inflación del periodo (un 20,5% de incremento desde el 2020), resultando en una pérdida de poder adquisitivo para los trabajadores.
Esto sugiere, por lo tanto, que la estrategia de expansión del presupuesto no se está centrando en un aumento masivo de la fuerza laboral, sino en la mejora de las infraestructuras y en la compra de servicios externos.
En resumen, el gráfico dibuja un modelo de doble vía. Por un lado, una fuerte inyección de capital para mejorar los «ladrillos» y la tecnología del sistema a largo plazo. Por otro lado, una dependencia creciente y consolidada de los conciertos privados para gestionar el día a día. En cualquier caso, muy poca apuesta en ampliar y/o mejorar el personal propio.
El Espejismo de las Listas de Espera: Más Gasto, Mismo Problema
Y es que el argumento principal para defender los conciertos sanitarios se derrumba al contrastarlo con la realidad. A pesar de una inyección millonaria creciente año tras año, las listas de espera se mantienen como un problema endémico. Como muestra el gráfico, la curva del gasto en conciertos asciende vertiginosamente, pero la de pacientes en espera se mantiene en una meseta alta, rondando las 20.000 personas.
Esto pone de manifiesto la ineficacia del modelo. ¿De qué sirve gastar cientos de millones en derivaciones si el problema de fondo —la falta de medios y personal — no solo no se ataja, sino que se agrava año tras año?
Un Modelo que nos puede costar la Sanidad
La dependencia de la sanidad privada para gestionar su actividad más rutinaria plantea preguntas cruciales sobre su futuro. ¿Se está invirtiendo lo suficiente en fortalecer la capacidad interna para reducir esta dependencia a largo plazo? ¿Son los mecanismos de contratación y control lo suficientemente transparentes para garantizar que el dinero público se utiliza de la forma más eficiente y justa?
La solución no parece pasar por un «sí» o un «no» rotundo a la colaboración, sino por un debate profundo y basado en datos sobre sus límites. Es fundamental definir qué servicios deben ser un núcleo irrenunciable de la provisión pública y bajo qué condiciones de transparencia, calidad y control se puede recurrir a socios externos. Solo así se podrá garantizar que la sanidad pública vasca, nuestra joya de la corona, siga brillando con luz propia y al servicio de toda la ciudadanía.
La pregunta que debemos hacernos como sociedad es si este es el modelo que queremos. ¿Un sistema público que adelgaza a la fuerza para que otros engorden a su costa, o un sistema robusto, bien financiado y soberano, capaz de cuidarnos a todos con sus propios medios? En la respuesta nos jugamos el futuro de nuestra sanidad.
Fuentes y Reutilización
A continuación, recogemos las principales fuentes de información en las que nos hemos basado. Lamentablemente, Osakidetza no proporciona esta información, pese a ser de gran interés público. A modo ilustrativo, la última memoria de auditoria de cuentas publicada en su web data del 2021.
- Gobierno Vasco
- Tabla de la sanidad en España por comunidades: quién tiene los mejores y peores servicios sanitarios – Infobae
- Comparación de los servicios sanitarios de las comunidades autónomas – Hojas de Debate
- El declive de Osakidetza: la Sanidad pública vasca pasa de joya de la corona a gran agujero de la gestión del PNV – elDiario.es
- OSALDE: Presupuestos del departamento de salud de la CAPV y del ente público Osaidetza 2024
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